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Sus figuras –hombres desnudos que se proyectan sobre pétreos paisajes que en su muda aridez parecieran estar allí para poner de relieve los rasgos de la especie–, llevan el sello de la fuerza creadora de la voluntad y la inteligencia, cuando estas se conjugan, con natural simplicidad, en la búsqueda de la íntima riqueza de las formas humanísticas.

Isaias García Aponte 1964

 

 

portada del catalogo de la exposición en el Instituto Panameño de Arte 1965

 

 


Aprendiz botánico, arqueólogo aficionado, cordon bleu que maneja las más ricas esencias, Trujillo, pintor y grabador, reúne todas sus inclinaciones para ofrecernos estas obras, óleos y grabados, que resumen sus más caros intereses. Son plantas seres que portan orgullosos sus míticos nombres en latín y dan flores, joyas del Panamá precolombino, con el sabor a yerbas y a especies ignotas. Son aves-flores, son paisajes que no vienen de ninguna parte y que sin embargo son el Panamá que Trujillo siente, ese pedazo de tierra cuyo concentrado le corre por las venas. Es el Panamá todo nuestro por ser el de Trujillo: portavoz de nuestra prehistoria, heraldo de nuestros perfumes, creador previo de las formas, de la fauna y de la flora, adivinador de lo que fue y lo que será…
— Juan O. Diaz Lewis 1976

  La venus Chocoe 1975

La venus Chocoe 1975


En este suelo tropical donde los ríos cambian diariamente de lecho; donde el cielo y la tierra se combinan para crear mil especies que ayer no existían y es posible que desaparezcan mañana; donde los objetos y seres animados, los árboles, las flores, los musgos y los insectos luchan por alcanzar aunque sea un pedazo de permanencia, logra este paisaje cambiante –gracias a la obra de Trujillo– adquirir un “habitat” plástico fijo.
— Carlos Manuel Gasteazoro 1976

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Las pinturas de esta última década nos muestran al artista cerrando el círculo que establece su estilo ya maduro, rico en color y expresión propia. Transmiten una calidad mágica sus llamativas composiciones de figuras humanas jugando en la naturaleza: en la playa, bajo la tierra y algunas veces hasta levitándose en el aire. Las composiciones combinan sugerencias del pasado arqueológico de Panamá con leyendas, a veces inventadas, de Trujillo. Los cuadros muestran a un artista sumergido en el mundo de los mitos y tradiciones de su país, en su pasado prehispánico y en los ritos imaginarios de culturas aborígenes. El pinta figuraciones eternas en un lenguaje concebido a través de su experiencia del arte moderno. Es un artista contemporáneo que trabaja con materia milenaria.

Mónica Kupfer 1988

 

El arte de Trujillo pertenece al discurso moderno de lo Primitivo, pero lo que lo hace único es su biofilia inequívoca, expresada a través de su amor por la naturaleza.  Quizás sea porque vive en Panamá, con su jungla tropical, pero yo creo que esto involucra algo más existencialmente fundamental: él muestra a las personas enraizadas en la Naturaleza, formando comunidades “naturales” y así renovando su sentido humano.  Él es un humanista—no a pesar de sí mismo, sino porque entiende que la única manera de ser humano hoy en día es volviendo a la Naturaleza —regresando a nuestros orígenes, por así decir.  No hay ciudades en el arte de Trujillo, no hay sufrimiento ni sentido de pecado —que aún era evidente en el paraíso prelapsario de Gauguin— solo está la felicidad que nace de estar en comunión con la Naturaleza.

Donald Kuspit 2011